Una de las ventajas del césped artificial es que apenas precisa agua comparado con el césped natural. No sirve de nada regar el campo horas antes de su uso, ya que la humedad se disipa y el exceso de agua se va inmediatamente por lo agujeros de drenaje de propio césped.

Según nuestra opinión, el césped debe ser sólo regado en caso necesario, es decir, cuando la cancha sufra una elevada temperatura, de cara a rebajar la temperatura de la superficie, facilitar desplazamientos más largos del balón, posibilitar las entradas a ras sin quemaduras y dotar a la cancha de la elasticidad adecuada. Sin embargo, para esto cinco minutos de riego antes del partido o cada 45 minutos como máximo, serán más que suficientes.

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